El sueño americano es un mito creado por Hollywood
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En Ecos migrantes, el periodista salvadoreño, Soudi Jiménez reúne 27 relatos que desmontan estigmas y muestran cuánto aportan las comunidades migrantes a Estados Unidos. Es una voz crítica ante la violencia, deportaciones y política antimigratoria.
Por Grisel Bethancourt
Conocimos a Soudi Jiménez en 2014. Para entonces, su trabajo ya estaba marcado por una pasión que no se aprende en los manuales: escuchar a la comunidad hispana de Los Ángeles y contar sus historias con rigor, cercanía y respeto.
Soudi es ciudadano estadounidense, periodista de Los Angeles Times en Español. Más de dos décadas de vida en Estados Unidos le han permitido observar de cerca las contradicciones de un país que ofrece oportunidades, pero que también levanta barreras contra quienes llegan buscando un lugar donde reconstruir sus vidas.
Salvadoreño de nacimiento, Soudi Jiménez nos recibió aquel otoño en la redacción en español del diario angelino. Éramos un grupo de periodistas latinoamericanos que participaba en el programa Edward R. Murrow de Liderazgo para Visitantes Internacionales -IVLP-. auspiciado por el Departamento de Estado de Estados Unidos y conocimos de cerca una de las mejores redacciones de noticias. Con una amplia trayectoria en California, ha dedicado buena parte de su carrera a contar las historias y los desafíos de las comunidades migrantes. Ya su voz tenía ecos.
De esa experiencia nació Ecos migrantes, un libro crítico que reúne voces de personas vinculadas con el arte, la ciencia, la educación, la gastronomía y el activismo. Sus protagonistas no aparecen como cifras ni como una amenaza. Son hombres y mujeres que trabajan, crean, resisten y enriquecen al país que los recibió.
Esta es una conversación franca, desde el periodismo y los derechos humanos. Soudi habla de los estigmas que persiguen a las personas migrantes, de la discriminación que también existe dentro de las comunidades latinas y del endurecimiento de la política migratoria durante la era Trump.
Su mirada sobre 2025 y 2026 es sombría. Considera que el llamado sueño americano se ha ido desvaneciendo frente al alto costo de la vida, la persecución migratoria y el temor que alcanza incluso a personas con ciudadanía o residencia legal. También advierte sobre el debilitamiento de los contrapesos democráticos, aunque reconoce la resistencia de jueces, activistas y comunidades que se niegan a guardar silencio.

¿Qué realidad del migrante quiso contar en Ecos migrantes que no aparece en los discursos políticos ni en los grandes titulares?
Mi incursión en el periodismo en Estados Unidos coincidió con un nuevo ascenso del racismo. Desde que ingresé, en 2012, a la publicación en español de Los Angeles Times, he podido documentar la odisea de las personas migrantes.
Las políticas racistas no son nuevas. Han formado parte de la historia estadounidense, con momentos de mayor intensidad durante guerras, crisis económicas y contiendas electorales. Sin embargo, en las elecciones presidenciales de 2016, 2020 y 2024 se normalizó una narrativa que presenta a los migrantes como “violadores” o “delincuentes”.
En ese contexto surgieron los relatos de Ecos migrantes. La mayoría fue escrita entre 2019 y comienzos de 2024. Cada historia ofrece una mirada particular, pero cuando se leen juntas permiten observar un panorama mucho más amplio.
El libro busca humanizar la migración y abrir una reflexión capaz de desmontar los prejuicios y estereotipos que pesan sobre estas comunidades. Los migrantes no son los responsables de los problemas de Estados Unidos. Por el contrario, enriquecen al país con sus lenguas, sabores, ritmos, conocimientos y talentos. Esa diversidad está plasmada con fuerza en el libro.
¿Por qué decidió responder a la narrativa antiinmigrante mediante historias de vida y no solamente con cifras o análisis políticos?
Los seres humanos tendemos a criticar aquello que no conocemos. Cuando tenemos la oportunidad de acercarnos a lo que nos causaba temor, nuestra perspectiva puede cambiar.
Eso les sucede a muchos anglosajones con los migrantes latinoamericanos, pero también nos ocurre a nosotros cuando miramos a las comunidades indígenas y afrodescendientes de nuestros países.
Con este libro también desafío a la propia comunidad latina a reconocer el colorismo, el clasismo y otros patrones discriminatorios que permanecen arraigados en su interior. No basta con señalar lo que otros hacen contra nosotros. También debemos revisar cómo tratamos a quienes históricamente han sufrido marginación y atropellos dentro de nuestras sociedades.
Esa reflexión se comprende mejor a través de historias de vida. Un testimonio permite mirar el rostro, la lucha y las contradicciones de una persona. Las cifras explican la dimensión de un fenómeno, pero las historias nos obligan a sentirlo.
Después de entrevistar a migrantes vinculados con el arte, la ciencia, la educación, la gastronomía y el activismo, ¿qué tienen en común sus historias?
Talento, creatividad y resiliencia.
Cuando veo a un poeta hondureño escribir versos cargados de realidad; a un migrante maya de Guatemala abrirse camino como diseñador de moda, o a la hija de trabajadores agrícolas salvadoreños convertirse en abogada, comprendo cuánto pierden nuestros países con esa fuga de talento.
Esas personas entregan lo mejor de sí a la nación que las recibe. Nuestra gente no se marcha por falta de capacidad. Emigra porque en sus países no encuentra oportunidades.
Cuando accede a un espacio con algunos recursos, aunque sean limitados, nuestra gente brilla.
Estados Unidos se presenta como un país de libertades y oportunidades, pero muchos migrantes enfrentan discriminación y violencia. ¿Cómo explica esa contradicción?
Durante mucho tiempo, Estados Unidos levantó como banderas la democracia, las libertades y el Estado de derecho. Hoy existe una distancia preocupante entre ese discurso y lo que viven muchas personas migrantes.
El regreso de Donald Trump profundizó esa contradicción.
Por mucho tiempo, esa fue la bandera de Estados Unidos: la democracia, las libertades y el Estado de derecho. En la actualidad es solo un discurso, un lema vacío y sin fundamento.
En este momento, el sistema de contrapesos se encuentra bajo amenaza.
En medio de los atropellos contra los migrantes, uno quisiera que la Corte Suprema emitiera fallos categóricos que detuvieran esa ola de ataques y violaciones contra personas que solo han buscado en Estados Unidos un lugar para sobrevivir, pues huyen de regímenes parecidos al que emerge en suelo estadounidense.
Sin embargo, todavía existe una luz al final del túnel. Si el presidente Trump no ha logrado todo lo que se ha trazado es porque los jueces y magistrados del sistema judicial le han puesto freno.
Para quienes vivimos en Estados Unidos y en las naciones relacionadas con las políticas estadounidenses, es importante que se mantenga la independencia de los poderes, que la Casa Blanca tenga un contrapeso y que se fortalezca el sistema democrático.

A partir de las historias recogidas en el libro y de su experiencia como periodista migrante,
¿todavía existe el sueño americano?
Después de más de 20 años viviendo en Estados Unidos, mi percepción es que el sueño americano es, en gran medida, un mito construido por Hollywood.
La influencia del cine y la televisión estadounidense ha sido enorme. Desde América Latina se observa este país como la tierra donde todos los sueños pueden hacerse realidad. Pero aquí los dólares no se recogen de los árboles.
Para salir adelante hay que luchar, sudar y dejar una parte de la vida. Se paga un precio muy alto. Para muchas personas, el sueño termina convirtiéndose en una pesadilla americana.
Antes de 2025, pese a las barreras, los migrantes podían avanzar con esfuerzo y tenacidad. Ahora deben enfrentar el alto costo de la vida y un ambiente de persecución que también alcanza a personas con residencia legal o ciudadanía estadounidense.
En esta periodo hemos presenciado situaciones que antes parecían inimaginables. Muchos latinos sienten que deben salir con sus documentos para demostrar quiénes son y cuál es su estatus. Ese temor revela hasta dónde ha llegado la desconfianza contra la gente de color.
Las deportaciones y los operativos migratorios han generado zozobra. Algunas personas, aunque no hayan sido detenidas, contemplan marcharse por cuenta propia.
Frente a ese panorama quedan la participación ciudadana, la defensa institucional de los derechos y la solidaridad. Jóvenes asiáticos, afroestadounidenses, anglosajones y latinos han salido juntos a las calles para respaldar a quienes hoy se intenta silenciar o expulsar.
Esa respuesta colectiva demuestra que, incluso en los momentos más difíciles, todavía existe una parte de Estados Unidos dispuesta a defender la dignidad humana.
Soudi Jiménez es una voz crítica ante el estigmas contra la inmigración y contribuye como hispano a dignificar al ser humano y al hombre y mujer trabajador en busca de oportunidades.
Este relato duro para la política migratoria actual lleva una mirada más profunda, donde la migración ya no es una oportunidad si no una supervivencia.

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Ecos migrantes aglutina veintisiete relatos periodísticos —noticias, reportajes y
crónicas— que fueron publicados principalmente entre 2019 y 2024 en la sección en español del diario Los Angeles Times, medio para el que Jiménez trabaja desde mayo de 2012 dando cobertura a temas latinos, con énfasis en asuntos relacionados a la pujante comunidad centroamericana que asciende a 800 mil personas en el condado de Los Ángeles, más de la mitad de esa población es salvadoreña.
El libro Ecos migrantes se puede adquirir en librerías y en plataformas de distribución
bajo demanda en España. También en Estados Unidos y en todas las naciones de América Latina a través de los portales libreriauca.com, Busca Libre y Amazon. Pueden seguir a Jiménez en X, Instagram y YouTube en su cuenta @soudijimenez; el autor ha creado una cuenta en Instagram @ecosmigrantes para conectar con el público que adquiere su libro.




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